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Vista del río Duero en la bajada de Mieza al salto de Aldeadávila.
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El Parque Natural Arribes del Duero acaba de estrenar un sendero, el GR-14, que a través de sus 90 kilómetros aproximados permite recorrer este privilegiado espacio natural del noroeste salmantino. Es uno de los primeros tramos que se señalizan en la península del Sendero Internacional de los Viñedos de Europa, desde su corazón centroeuropeo hasta Oporto, y tiene un "hermano pequeño" muy bien criado: el GR-14.1, el sendero del Águeda.

 

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Promovido por la Junta de Castilla y León, este gran sendero atraviesa casi todos los entornos que forman el mosaico del paisaje: los llanos ondulados, las arribes -laderas que se precipitan hacia el río-, los cachones -pequeños saltos o cascadas de agua-, los paderones -bancales ganados a las laderas del cañón-, los huertos, las cortinas, los pueblos, los regatos... Y a veces el propio camino, mimado desde antiguo por imprescindible, se convierte en arte.

 
     
 
El benigno clima arribeño permite practicar el senderismo durante todo el año, aunque de mayo a septiembre no se recomienda andar a mediodía por las etapas que descienden a las arribes. Asimismo conviene renunciar con lluvias o con hielo, cuando los tramos empinados se vuelven resbaladizos.
 
El trazado propuesto se aparta prudentemente de las grandes buitreras y de otros rincones frágiles del parque; está pensado para un caminante sin prisas, que visita los miradores y disfruta de los enlaces con lugares destacados, aunque se aparten unos kilómetros del GR. También se adapta a la disposición de los pueblos como puntos de alojamiento y restauración. El recorrido se propone de Sur a Norte, para aprovechar mejor que el sol estará a la espalda durante la mayor parte del año y del camino. En general, se puede realizar el sendero a pie, en bicicleta o a caballo.
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Embalse de Aldeadávila desde el Picón
de Felipe (Foto: Francisco Martín).
 
     
     
 
 
     
 
En el Salto de Saucelle enlaza el GR-14 con su hermano portugués, y asciende con rapidez hasta Hinojosa de Duero por una senda estrecha y pendiente, bajo la mole del castro del Moncalvo. El camino de Hinojosa a su antiguo pueblo, San Leonardo, desciende de la llanura hacia el valle del río Camaces. Después de San Leonardo bajamos a cruzar el Camaces por el puente El Ojo, un rincón de aspecto medieval.
 
     
 

Mirador sobre el
Convento de La Verde.

Refugio de la Faya del
Peine en Trabanca.
Un poco más allá entramos en la carretera, ya casi hasta llegar a Saucelle, por el puerto de La Molinera. Pero antes está el mirador sobre el Cachón de Camaces, una de las cascadas que las arribes del río Huebra parecen ocultar con recato.

El puerto de la Molinera a pie es un recorrido ameno por las distintas caras de este río y del regato La Ribera, entre los pocos del parque con el cauce sin embalsar.
 
     
     
   
     
 
Comienza otro trecho que parece sobre el mapa poco interesante, y que ya en marcha va sorprendiendo cada vez más. Pasamos por Valdebarco y más allá queda el tramo de camino más artístico del sendero: varios kilómetros de empedrado primoroso por El Escarbadero, ya cerca de Vilvestre. De Vilvestre a Mieza atravesamos paisajes incendiados, aunque sobreviven alcornoques centenarios, más Las Puentes de Mieza, la charca de Las Escarbajas y los cerezales que nos acompañan hasta Mieza.
 
     
     
 
 
Casi a la salida de Mieza nos espera un pequeño desvío hasta el mirador de La Code, amplia vista del Duero, de sus bosques mágicos y del Poblado del Salto de Aldeadávila. De vuelta al sendero se inicia una bajada repentina, un tramo de reventonis donde parece que suena la canción popular: Las mocitas de Mieza crían coloris cuando subin y bajan los reventonis.
 
Este tramo hasta el Poblado de Aldeadávila y la subida por La Ropinal forman uno de los recorridos más hermosos de todo el sendero en Salamanca. Miguel de Unamuno seguía esta ruta para volver de Santa Marina La Verde, cuando aún no existía la carretera.
 
Más adelante pasamos por Aldeadávila, Corporario y Masueco, para bajar a las Arribes del Uces. En el Puente Pereña conocemos unas arribes que son como una maqueta de las arribes de los ríos grandes. Ahí quedan El Castillo y La Cachonera, con sus dos cascadas sobre sus cahozos.
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Puerto de La Molinera (Foto: Francisco Martín).
 
     
 
Pereña es fin de etapa, con una visita a la ermita de la Virgen del Castillo y al célebre Pozo de los Humos.
 
     
     
   
     
 
Entre Pereña y Villarino el camino desciende por el Regato los Cabrones, un valle estrecho y abundante en árboles y en berrocales enmusgados. Luego llegamos a Villarino y comienza puerto, hasta internarnos por paisajes de cultivos y de incendios, con docenas de chozos de piedra y un berrocal que se hace encantado cerca ya de Trabanca.
 
     
 

Cachón de Camaches.
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Esta localidad ha recuperado elementos de la arquitectura popular al paso del GR: los refugios de La Faya el Peine y el mirador del Asomaero, sobre las arribes del Tormes.

En el puente de San Lorenzo termina o empieza el GR-14 en su tramo salmantino. Por tierras zamoranas podemos seguir el sendero, que también sirve como eje de los caminos de los arribanzos zamoranos.
 
     
  Textos y fotografías:
J. C. Zamarreño / Salamati

 
     
     
 
Los paisajes arribeños permiten cultivos imposibles en la mayor parte de la meseta: olivos, naranjos, almendros... Las bodegas de la comarca consiguen vinos de calidad creciente, y el queso tiene la fuerza de los pastos variados de la comarca. Y si echamos a la mochila alimentos más sólidos, lo haremos con jamón y embutidos, que también se curan en La Ribera, más un trozo de hornazo, que en el caso de La Fregeneda crece en altura por sus distintos pisos de tajadas. Con estas viandas el camino se nos hará leve.
 
     
     
 
 

2005 Emociones en Salamanca.