Uno de los más bellos ejemplos de la arquitectura gótica provincial, la iglesia parroquial de Santiago de la Puebla, esconde en una de sus capillas un magnífico retablo repleto de delicadas tallas, adornos florales y paneles ricamente decorados, un ejemplo único de la grandiosidad renacentista.


Santiago de la Puebla se integra en las tierras del sudeste salmantino, junto al río Margañán y entre las comarcas cerealistas de Peñaranda y Alba de Tormes.

Perteneciente al Señorío del Duque de Sessa, la localidad alcanzó una notable prosperidad que la llevó a estar dotada de siete ermitas, algún palacio y más tarde de una notable plaza mayor porticada y varios hospitales.

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La existencia de sus moradores se ha ligado históricamente a caminos y rutas que comunicaron las tierras meridionales y septentrionales de España.
 
     
 

El Nacimiento.
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La iglesia parroquial de Santiago de la Puebla toma la advocación de Santiago Apóstol por su, ya mencionada, relación con la ruta meseteña a tal centro de peregrinación del mundo cristiano. Su edificación coincide con un período de gran apogeo y esplendor del señorío, entre los siglos XV y XVI, cuando el municipio disfruta de prebendas, posesiones y haciendas de diferentes órdenes religiosas.

La fábrica se realiza por completo en granito con elegante y sobria decoración que se complementa con unas notables proporciones perfectamente equilibradas.

El exterior destaca por su austeridad, resaltando la movilidad aportada por los contrafuertes y algunas estrechas ventanas con arcos de medio punto. Los muros se adornan sencillamente con una cornisa de bolas.

 
     
 
Todo el templo se encuentra cubierto con bóvedas de crucería de mayor o menor complejidad a los que las nervaduras conforman espectaculares formas estrelladas de ocho y cuatro puntas.
 
     
 

La Visitación.

La Virgen y el Niño.
 
     
     
  La capilla del Licenciado Toribio  
     
 
De todo el conjunto, pródigo en obras artísticas, destaca la capilla que se abre a la nave izquierda y que, a través de una magnífica rejería, nos adentra en el oratorio del Licenciado Toribio Gómez de Santiago. De reducido tamaño, esta capilla fue diseñada para acoger los restos del citado personaje y de su mujer Dª María de Bertendona.
 
     
 
El retablo parece obra realizada en la primera mitad del siglo XVI y se organiza en cuatro cuerpos y cinco calles rematados por frontispicios redondos. Atribuido a la fructífera cooperación de los maestros artesanos Diego de Siloé y Felipe de Bigarny, actualmente se piensa que pudo ser obra de Pedro de Guadalupe.
 
     
 
Todo él aparece majestuosamente áureo, repleto de tallas con excelentes pinturas doradas y estofadas, enmarcadas por frontones en semicírculos, adornos florales y paneles bellamente decorados.
 
     
 
En la obra se entremezcla una gran variedad de imaginería religiosa, presidida por un grupo escultórico de gran calidad que representa a la Virgen con el Niño.
 
     
 
Bajo él, el grupo escultórico de la Piedad destaca por su belleza en el primer cuerpo del retablo, orlado por las figuras orantes de los mecenas y las de San Andrés y San Bartolomé.
 
     
 
La Piedad.
 
     
     
 
El segundo cuerpo presidido por la Virgen con el Niño, ya mencionado, se organiza con la Adoración de los Reyes, a la derecha, y el Nacimiento, a la izquierda, con las imágenes de un Papa y de Santiago Peregrino. El tercer cuerpo presenta un panel central decorado con motivos vegetales y animales en lugar de grupo escultórico alguno. Hacia los extremos nos encontramos con representaciones de la Visitación, a la derecha, y la Anunciación, a la izquierda.
 
     
 
Dos figuras en hornacina, de San Pedro y San Pablo cierran este cuerpo que precede al último y superior en donde contemplamos la Asunción de la Virgen, como figura postrera de todo el retablo.
 
     
 
Varios frontispicios culminan esta obra que se completa con cornisas firmemente labradas y pilastras con decoraciones arracimadas.
 
     
 

Brocados, telas, cortinas, muebles, ofrendas, destacan por la minuciosidad de su hechura, pintura, dorado y estofado, con la textura y la suavidad de los rostros y cuerpos de las figuras, sobre fondos bellamente trabajados al modo de tracerías y filigranas góticas o con delicados paisajes bíblicos.

La percepción final de todo el conjunto supone una cautivadora muestra artística en la que no se percibe sentimiento abrumador ninguno, ni sensación de barroquismo que altere el equilibrio y la primorosa calidad del retablo de la Capilla del Licenciado Toribio de la iglesia de Santiago de la Puebla.

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Bóveda de crucería
de la iglesia de
Santiago de la Puebla.

 
     
     
  Texto: Luis Miguel Mata
Fotos: Agustín González

 
     
     
 
Macotera, la huella mudéjar

En el camino a Santiago de la Puebla, es visita obligada la iglesia de Nuestra Señora del Castillo del municipio de Macotera, que cuenta con una de las más bellas techumbres mudéjares de Salamanca.
Su excelente estado de conservación, fruto de una concienzuda restauración, permite observar, en toda su belleza, la estructura ochavada y de limas, con seis pares de tirantes, cuajada de mocárabes, estrellas y chellas.
Esta impresionante obra mudéjar parece fecharse entre los siglos XV y XVI, al igual que la mayor parte de la edificación de la iglesia.
Otra hermosa cubierta en este templo es la que adorna el sotocoro. Allí se encuentran dos bellos alfarjes con un magnífico friso donde llaman la atención los mocárabes que penden del techo. La tribuna del coro aúna elementos renacentistas y mudéjares, presididos por dos medallones con figuras de David y Moisés.
 
     
     
 
 

2004 Emociones en Salamanca.