Revista turística de Salamanca
Invierno - Primavera 2004
 

El cerdo fue uno de los primeros animales domesticados por el hombre, al verse atraído por los restos de comida que dejaban los humanos fuera del bosque, medio natural del cerdo silvestre.

Del cerdo se aprovecha la mayoría de su cuerpo; de ahí su enorme valor a lo largo de la historia. A ello se une su fácil alimentación, ya que prácticamente come de todo.

Hoy, sin embargo, se distingue el “cerdo de pienso”, que hasta los 80 kilos se alimenta de forma omnívora y luego de pienso, del de “recebo”, que de 80 a 120 kg. come bellota y hierba y hasta los 170 sólo pienso, del “ibérico de bellota”, que come de todo hasta los 80 kilos y de ahí a la matanza hierba y bellotas. Este último es, sin lugar a dudas, la joya de la corona.

También hay que distinguir entre cochinillo (hasta 4 kilos), rey de los asadores salmantinos y conocido como tostón, del lechón, que aún mama y dobla el peso del tostón, utilizado también en los asadores; del cerdo o adulto de entre 100 y 150 kilos, que se sacrifica llegado a los diez meses; y del verraco o semental. El cerdo adulto es el protagonista de las tradicionales matanzas familiares e industriales.

 


Durante la montanera, el genuino cerdo ibérico duplica su peso desde los 80 kg. iniciales hasta los 170, hozando y alimentándose de forma natural
a base de hierbas y bellotas.

Matanzas familiares e
industriales

La matanza familiar ha ido decayendo con el tiempo. En otra época para muchas familias representaba no sólo su supervivencia culinaria sino también una forma de hacerla variada.

Era así toda una fiesta con su liturgia y ritual, en la que participaban todos los miembros de forma especializada :sacrificio, recogida de sangre para las morcillas, chamuscado, despiece, selección de mondongos, elaboración de chorizos, adobos de costillas, ahumados, salado de jamones o paletas...

y degustación de sus chichas, chanfainas de bofes...

La matanza industrial tiene otro “rito” bien distinto y posee una enorme importancia en Salamanca, especialmente en Guijuelo, capital de la Denominación de Origen “Guijuelo” y cuna del jamón ibérico; a dicha denominación pertenecen más de setenta empresas chacineras del sureste de la provincia, que comercializan afamados jamones y paletas ibéricos, ibéricos de bellota. Baste indicar que la comarca elabora más del 65 por ciento de los productos de la cabaña ibérica nacional.

Estas codiciadas piezas provienen de una cuidada selección de ganado que llega al matadero, principalmente, de las dehesas salmantinas y extremeñas, que superan los parámetros de ácidos grasos establecidos y revisados anualmente. Después de su salado es colgado en los secaderos para, de la mano de los maestros artesanos, conseguir el curado adecuado. Raza única, alimentación natural y curación artesanal son las claves de este manjar.

La calificación final individualizada se realiza con un mínimo de 18 meses para los jamones y 12 para las paletas, comercializándose cuando las piezas han pasado entre dos y tres años de curación para los jamones y paletas ibéricos de bellota.

Además de jamones y paletas, la chacinería del cerdo nos deja también chorizos, lomos, salchichones, morcillas o morcones, a partir de magros, grasas y sangre del animal que son embutidos en sus propias tripas y sometidas, después, a un proceso de secado en el que se combinaba el aire frío y húmedo de la sierra con el humo que se filtraba de los hogares hasta el sobrado en el que se cuelgan.


Más información:
www.jamonguijuelo.org

El mapa del cerdo de Salamanca está formado por un área con tres vértices: Guijuelo, Candelario y La Alberca, e incluye localidades señeras como Campillo, Puerto de Béjar, Ledrada, Frades o Tamames.

En otros pueblos o chacinerías se han especializado en el llamado jamón serrano, más o menos industrializado.

Un recorrido por cualquiera de los pueblos de la Sierra de Francia y Béjar nos permitirá descubrir tesoros gastronómicos relacionados con el cerdo.

Pero conviene no perder de vista los afamados tostones y lechones de Peñaranda de Bracamonte, los andrujos de Las Arribes, el farinato de Ciudad Rodrigo (hecho a partir de grasa), los hornazos de toda la provincia... en todos ellos y más está presente el cerdo.

(Viene de página anterior,
de izquierda a derecha)

Foto 1
Tras el sacrificio, se procede al despiece del animal: magros, costillas, vísceras... Surgen también con su conocido perfil las paletas y jamones.

Foto 2
La salazón constituye uno de los momentos más delicados pues un exceso repercutirá negativamente en el sabor. Las piezas suelen permanecer en sal un día por kilo de peso.

Foto 3
Al menos 24 meses permanecen los perniles en las silenciosas bodegas, en un delicado y paciente proceso de curación, si bien durante 3 años el sabor se mantendrá inalterable.

Foto 4
Menor tiempo pero idéntico conocimiento y celo exige la curación del embutido, que alcanzará su momento óptimo entre los dos y tres meses.

Foto 5
Embutidos en tripa natural del cerdo, lomos, chorizos y salchichones alcanzan su óptimo sabor cortados, a temperatura ambiente, en lonchas muy finas.

Foto 6
El jamón ibérico de bellota (D.O. "Guijuelo") presenta al corte numerosas vetas de grasilla entreveradas entre su carne magra. Debido a la alimentación natural del animal no eleva el nivel de colesterol.




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