Pocas fiestas gozan de la común aceptación y popularidad
como ésta de las Águedas. La celebración rememora
a la santa del mismo nombre que en Italia, en el año 230
de nuestra era, ofreció su virginidad y su vida en martirio.
En numerosas iglesias de la región el viajero tiene la oportunidad
de contemplar la imagen de esta joven con una bandeja que sostiene
sus pechos. La fiesta actual mantiene la concepción tradicional de
tomar por un día el mando visible del hogar y del pueblo,
relegando al hombre de la casa a un segundo término y
a “tareas propias del otro sexo”.
El día 5 de febrero la mayor parte de
los pueblos de Salamanca reúnen a las decididas mujeres
en torno a misas, procesiones, meriendas, bailes y comparsas,
en donde se consumen
licores, viandas y donativos que “libremente” han
aportado los varones vecinos o transeúntes.
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En algunas
localidades, como Miranda del Castañar, la
fiesta de las Águedas presenta características mucho
más genuinas y tradicionales.
Las mujeres, bellamente engalanadas
con los vistosos trajes serranos, reciben el bastón de mando
de manos del alcalde y procesionan a su santa hasta la plaza situada
a los pies del castillo; allí harán ondear el pendón
en honor de su potestad momentánea, en el conocido Baile
de la Bandera. Éste precederá a un convite a base
de sangría y dulces y al otro baile en donde ellas serán
las únicas que elijan y seleccionen como pareja al varón.
En el municipio serrano de Miranda del
Castañar,
la
celebración de las Águedas adquiere una especial relevancia
plástica. De arriba a abajo, baile de la bandera en la plaza
de armas, detalle del traje serrano y procesión con la Santa.
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