Revista turística de Salamanca
Invierno - Primavera 2004
 

PRESENTACIÓN

Con la llegada del invierno, el espíritu viajero encuentra en tierras salmantinas nuevos alicientes para la escapada: la atmósfera recupera su limpieza de origen, la vegetación muestra su desnudez y el paisaje cristaliza en azul y nieve. Blanca e individual, a la medida de cada uno, así es la Sierra de Béjar en este tiempo.

Pero otros latidos de vida surgen aquí y allá. Por las Águedas, la mujer renueva antiguos ritos que la otorgan poder y mando; mientras tanto, la fiesta y la emoción se adueñan de Ciudad Rodrigo con su afamado Carnaval, en el que el toro es el auténtico protagonista; murallas, plazas y palacios son testigos de vertiginosos encierros donde corredores y astados, ajenos al miedo, compiten en temperatura corporal.

Se han ido apagando los fuegos que chamuscan al cerdo en las matanzas tradicionales, y chacinas y perniles ya cuelgan, guardando en su aroma y sabor el secreto de su elaboración; sólo así, desde los sentidos, puede apreciarse esa exquisitez conocida como jamón ibérico de Guijuelo.

 

Cuando el resto de la meseta todavía presenta un manto de escarcha, Las Arribes del Duero se desbordan ante el estallido de una primavera temprana; sus encajonados valles descubren jaras y almendros en flor, verdor por doquier, arroyos y cascadas... el placer de los primeros baños solares.

En el otro extremo de la provincia, resulta todo un espectáculo contemplar el descenso de bandadas de gansos y grullas en el azud de Riolobos, parada obligatoria de las aves migratorias.

Y de la desmesura a la austeridad. Llega la Semana Santa, y el aire se carga de recogimiento y autenticidad en las Pasiones Vivientes de los pueblos salmantinos. Resulta imposible para el espectador no dejarse contagiar por el dramatismo de estas representaciones, en las que los propios vecinos se vuelven protagonistas.

Tras la Pascua se inicia un nuevo ciclo festivo con celebraciones singulares, como el Noveno en San Felices de los Gallegos, donde se puede contemplar un original coso taurino levantado con antiguos carros unidos entre sí. O los Corpus, esparcidos por toda la provincia y que incluyen manifestaciones tan originales como los Hombres de Musgo en Béjar. Todo ello, sin olvidar las romerías de rancia vocación ganadera como Valdejimena, El Cueto o Cabrera.

Ajenos a tanto bullicio, orfebres y plateros se afanan en sus talleres en el arte de la filigrana, labrando primorosas piezas que tienen en el botón charro su expresión más conocida.

En las tierras y gentes de Salamanca, esa verdadera piel de toro, la emoción se refugia y permanece, convirtiendo el viaje en una aventura personal.

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[ El azud de Riolobos, paraíso de las aves migratorias  ·   La primavera se estrena en Las Arribes del Duero ]
[ El Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo  ·  Jamón, chacinas y otros manjares  ·  Pasiones vivientes ]
[ En primavera, la provincia es una fiesta  ·  Ledesma, la dama junto al río  ·  Salamanca, verdadera piel de toro ]
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