Revista turística de Salamanca
Invierno - Primavera 2004
 

 

 

 

 

 

 

Desde muy antiguo hubo en Salamanca excelentes filigranistas, herederos de las artes árabes y judías. Este oficio se ha perpetuado hasta la actualidad en la elaboración de joyas que complementan la indumentaria popular, con ejemplos tan espectaculares como el denominado traje de Vistas o de boda.

Ya en el siglo XV el gremio salmantino de plateros forma su cofradía de oficio y en el año 1784 crea la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy, donde se impartían clases nocturnas para los oficiales y aprendices que trabajaban en los talleres durante el día.

Aunque la platería en Salamanca conoce su momento más floreciente en el siglo XVIII con 40 obradores en la ciudad y otros tantos repartidos por distintos puntos de la provincia, el oficio se ha perpetuado durante generaciones hasta la actualidad.

Hoy aún muestran su buen hacer localidades como Ciudad Rodrigo, Tamames, Mogarraz y la propia ciudad de Salamanca, tanto en las piezas de joyería tradicional como en las de nueva creación, que se han ido incorporado en los últimos tiempos.

Proceso de elaboración
El tiempo resbala con sosiego en los talleres. Allí, con las pinzas como instrumento básico y la finura y precisión de las manos, el platero, filigranista, orero u orive, como se conoce a este artesano, labra primorosas piezas con virtuosos acabados y técnicas heredadas que se resisten al progreso.

Con la paciencia y habilidad que requiere el oficio comienza el proceso con el laminado de la plata.

Ésta se convierte en hilo en el banco de estirar y así se urde y teje la fina malla de filigrana
de acuerdo con los
dibujos del artífice,
imaginados y plasmados
desde generaciones en
las joyas populares.

Joyas en las que
conviven a la par
creencias mágicas y
religiosas, que son refle
jo de sentimientos, códigos
y lenguajes ocultos.

Cada comarca muestra en
sus aderezos las modas,
gustos, influencias, nivel
económico, etc. y ello se reproduce en una larga nómina de alhajas. Collares (charros, serranos), pendientes (de calabaza, llares, estribo, almendra, zarcillos), horquillas, sortijas (de almendra, de boda), galápagos, veneras, cruces, botones y toda suerte de adornos que acompañan la indumentaria tradicional, cuyo ejemplo más emblemático es el conocido botón charro.

De izquierda a derecha, distintas fases de la técnica de filigrana: hilos de plata y armazón de una cruz, realización del relleno
y elaboración de piezas esféricas en la embutidera.


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