Concluido
el paréntesis invernal, la naturaleza se carga
de retorno a la vida, de esperanza de cosechas. Coincidiendo
con este tiempo de primavera, la geografía salmantina
se revitaliza con singulares manifestaciones festivas, hijas
de la tradición: los Corpus, el Noveno, las romerías...
la fiesta ya está aquí.
Rogativas, Mayos enhiestos en plazas de la Armuña,
Cruces de Mayo, todas ellas celebraciones que se disipan en
la realidad rural de Salamanca y desaparecen poco a poco como
parte de nuestra historia y pasado.
Pero quedan otras que mantienen su plena actualidad y protagonismo
por
considerarse como la fiesta mayor de los pueblos que las celebran.
Comienza la celebración mediado el mes de mayo, en
tierras del poniente, allá donde Salamanca se ciñe
a la frontera con Portugal. Allí se yergue la villa
medieval de San Felices de los Gallegos, declarada conjunto
histórico.
Su casco urbano, dominado por la figura del castillo, sirve
de idóneo escenario para rememorar la fecha del 11 de
mayo de 1852, cuando el pueblo de San Felices ganó un
histórico litigio; el fallo de la justicia derogó la
obligación que desde el siglo XVI tenían los
lugareños de aportar la novena parte de todos sus beneficios
a la Casa de Alba. De ahí que esta fiesta se conozca
como El Noveno.
Desde entonces ese memorable día se disfruta
con diversas celebraciones entre las que no pueden faltar la
presencia de los toros, encierros
urbanos y corridas
en uno de los más atractivos cosos taurinos de la provincia,
construido por entero con antiguos carros imbricados a la sombra
de la iglesia parroquial y a las puertas de sus murallas. |
Los Corpus
Sin duda alguna la fiesta que más “reluce” en
la primavera es la del Corpus Christi. De entre todas las localidades
que lo celebran mencionaremos las más llamativas y singulares.
Béjar, con sus cumbres todavía cubiertas por
las nevadas invernales, se dispone a celebrar el Corpus entre
retazos de leyenda que envuelven a sus Hombres de Musgo. Ellos
acompañarán en la procesión a la Custodia
en su recorrido por las calles de la ciudad textil.
Esta singular fiesta, declarada de Interés Turístico
Nacional, permite admirar el curioso y complejo traje natural
que engalana a estos sufridos protagonistas.
En Vitigudino la fiesta mayor del Corpus Christi gira, como
no podía ser menos en tierra de profunda vocación
ganadera, en torno al toro bravo.
Encierros, corridas y capeas
trastocan la quietud de su casco urbano y de sus moradores
a lo largo de los días que dura la fiesta, mientras
los mayordomos realizan el cambio de varas para servir al Santísimo
hasta el próximo Corpus.
La villa de Ledesma disfrutará también
de esta festividad y del toro bravo en torno a los conocidos “espantos”.
Tras la romería del sábado en el Prado de la
Villa, comenzarán estos singulares encierros que se
sucederán hasta el lunes siguiente. El desafío consiste
en intentar empujar a los astados hasta la plaza, para retroceder
a su llegada y ahuyentarlos con singular pericia y espanto; y de
esta manera, iniciar un nuevo lance.
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Carreras de jinetes y astados en los
encierros conocidos como "Espantos",
que tienen lugar en la villa de Ledema con motivo del Corpus
Christi.
A
las afueras de La Alberca, en medio de un frondoso robledal,
tiene lugar la romería de las Majadas
Viejas, que incluye misa, procesión, loa y capea, sin
olvidar la comida campestre.
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